Vallvidrera · Garcés · De Seta · Bonet, 2013
El taller
Una sala de doce metros por trece y medio, sin una sola ventana, iluminada por un único hueco abierto allí donde se encuentran los cuatro planos inclinados de la cubierta. La obra tardía de Eduard Arranz-Bravo se hizo aquí debajo, bajo esta luz y ninguna otra.
Datos del lugar
- Lugar
- Vallvidrera, vertiente del Tibidabo
- Proyecto
- Garcés · De Seta · Bonet Arquitectes
- Terminado
- 2013
- Niveles
- Dos. Pintura arriba, escultura y almacén abajo
- Sala de pintura
- 12 × 13,5 m
- Luz
- Cenital, de un solo lucernario
Dos edificios, no uno
En el mismo lugar de Vallvidrera hay dos cosas que no deben mezclarse. La casa-estudio, donde vivió y trabajó desde 1991. Y este edificio exento, terminado en 2013, que es el que se ve en estas fotografías. Son dos fincas del mismo conjunto y dos maneras distintas de trabajar.
Se llega por un camino de piedra, entre encinas y pinos. El edificio no se anuncia: es un volumen compacto con la cubierta plegada, y lo primero que se ve de él es el pliegue.
La llegada al estudio. La cubierta plegada se ve desde fuera antes que desde dentro.
La sala de pintura
Arriba no hay ni una ventana. Las cuatro paredes son de hormigón visto de arriba abajo, y la única abertura está en el techo. Los arquitectos hablan de espacios severos y desnudos al servicio del trabajo artístico
, y lo explican como una respuesta a una práctica solitaria e introspectiva.
Lo que resulta es una luz sin dirección y sin hora: cae desde arriba, igual en todas partes, y no hay nada que mirar que no sea la pintura.
La sala de pintura, 12 × 13,5 metros. La luz entra solo por el techo.
En el centro de la tela, un cuadrilátero blanco todavía sin pintar.
Los dos caballetes de madera, contra el hormigón.
Los arquitectos escribieron «severos y desnudos», y lo son. Lo que la casa puso dentro, en cambio, es una mecedora de madera curvada y una silla de tijera de lona. La sala es severa; lo que pasa en ella, no.
Una mecedora de madera curvada en medio de una sala de hormigón.
El lucernario
Los cuatro planos de la cubierta suben y se encuentran. Allí donde se encuentran, se abren: un cuadrilátero irregular de vidrio que es la única entrada de luz de toda la sala.
Esa forma es la marca de esta casa. No es una figura elegida por cómo queda: es la planta de esa abertura. Cuando sale a tamaño grande, tiene que poder verse algo a través, porque es un hueco y no una etiqueta.
La marca, a tamaño grande, con el lucernario a través.
El taller de escultura
Abajo, el edificio hace exactamente lo contrario. Una pared de vidrio entera contra el bosque, a la altura de los ojos, y mesas de trabajo de madera y hierro con la obra a medio hacer. Los mismos arquitectos que cerraron la sala de pintura buscaban aquí relaciones de carácter familiar
con el entorno natural.
El mismo edificio da a cada oficio la luz que le conviene: a la pintura, un hueco en el techo y ninguna distracción; a la escultura, el bosque al otro lado del vidrio.
Sobre ese vidrio hay una línea roja pintada a mano que atraviesa todas las hojas de lado a lado. Nadie le pidió que se detuviera en la pared.
La línea roja, pintada sobre el vidrio que da al bosque.
Abajo se trabaja con las manos y con el bosque a la vista.
Jornada de puertas abiertas en el taller, octubre de 2017.
Fotografía: Antonio Navarro Wijkmark
El bosque
La obra no se detiene en la puerta. Hay escultura en el umbral, sobre la losa de hormigón, y la hay ladera abajo, entre los pinos y las encinas, repartida por las terrazas de piedra seca del jardín.
Esculturas en el umbral, sobre la losa de hormigón.
Las terrazas del jardín.
Una escultura de bronce alzada entre los pinos del jardín.
La casa sigue trabajando allí
El taller no es un decorado. Es donde se hace el trabajo que sostiene este sitio: girar bastidores, leer lo que hay escrito en el dorso, extender la obra pequeña en el suelo para poder compararla, decidir.
En el reverso de cada tela hay inscripciones manuscritas con el título y el año. Buena parte de lo que hoy es una ficha de inventario empezó siendo una de esas líneas escritas sobre un listón.
Los bastidores, con el título y el año escritos en el dorso.
Obra pequeña extendida en el suelo para poder compararla.
Allí murió el 20 de octubre de 2023, a los 82 años.
Vea la obra hecha en este taller · La vida por los talleres
Fotografías del equipo de Eduard Arranz-Bravo, entre 2014 y 2020. La jornada de puertas abiertas, de Antonio Navarro Wijkmark.